Archivo mensual: enero 2015

Yihadismo y literatura

El mapa de la vida

 

 

 

La literatura es un arte diferido. Decía Luis Landero en El guitarrista que no es posible escribir al hilo de la experiencia. Sí lo hacen los periodistas, pero no los literatos. Hechos tan traumáticos como los atentatos del 11 de marzo de 2004 en Madrid han necesitado el reposo de años para que el pudor y en parte el dolor no bloquearan la creación. Ese día una célula de terroristas yihadistas hizo explotar diez bombas en cuatro trenes del área metropolitana de Madrid. A aquella hora de la mañana de un jueves laborable los vagones estaban repletos y murieron 192 personas. Llevo unos años estudiando la literatura española sobre terrorismo y, aunque la mayor parte se ha ocupado de ETA, los novelistas empiezan a inspirarse en la matanza de 2004. Adolfo García Ortega publicó en 2009 una novela extensa sobre el 11M. Las primeras setenta páginas son estremecedoras:

La joven L, ya dentro del convoy, ayudó a R, una mujer mayor, sesenta y nueve años, piernas hinchadas por la flebitis, que no ha dejado de agradecérselo. Se sentaron juntas. Juntas van a desintegrarse, en cierto modo. No quedará nada de ellas, al menos en la forma humana que tienen ahora. Sus cuerpos van a esparcirse, a multiplicarse en partículas, pedazos, trozos diseminados por las paredes del vagón (…) Detrás de ellas había una mochila con explosivos que también ha pasado a ser una siembra de jirones y pedazos. (25)

Es sólo un ejemplo, entre otros. No es fácil escribir sobre el terror, y no me refiero al género fantástico. En estas primeras páginas, pese a su crudeza, el novelista acierta con un estilo enumerativo y fuertemente  marcado por el asombro de la muerte que sobreviene en cuestión de segundos. Pero la novela es larga, y tras la explosiones que dilatan el instante vienen días, meses y años de trauma. Hubo cerca de 1900 heridos. La onda expansiva se desplazó también en el tiempo. La historia sigue, en forma de fábula, la vida de dos heridos en los atentados y sus esfuerzos por hallarse de nuevo en el ‘mapa de la vida’: amor, esperanza y fraternidad cosmopolita en la gran ciudad que es Madrid. Es una novela con defectos, pero hay que tener coraje para novelar sobre un dolor tan compartido.

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