Dejarse vivir

Caminante

Mi hijo tiene curiosidades existenciales muy hondas que él formula con sencillez: “¿Para qué han puesto a las personas?”. Entiéndase, para un adulto: ¿cuál es la finalidad de la vida? Lo ignoro, como la mayoría de personas, pero debo darle una respuesta, aunque sea esta misma: “No lo sé, hijo”; u otras que he aprendido: para ser felices (hedonista), para crecer y reproducirnos (biológica), para progresar y mejorar la vida de la humanidad (positivista), etc. Ninguna me satisface ni debiera satisfacerlo a él, porque eso que Cesare Pavese llamaba el oficio de vivir es un absoluto misterio para las únicas criaturas sobre la tierra que tienen conciencia de ello. Y no es malo convivir con el misterio. Hace poco, Jesús Losada, un amigo poeta, me envió un texto hermoso, inspirado en sus estudios sobre el poeta portugués Al Berto:

La felicidad es una llanura a la que sólo puede acceder lo vulgar, lo controlado, lo supino y lo ordenado.

Hay personas que anhelan esa felicidad, pero otras buscan el extremo excesivo de la altura del vértigo y del abismo.

La finalidad de la vida por la que me preguntaba mi hijo y este modus vivendi que rechaza el aura mediocritas del poeta zamorano son casi lo mismo, pues el destino que decidamos determinará el camino.

Hay en la actualidad una fiebre de la que yo me contagié hace tiempo. Por ella he logrado muchas cosas, casi todas profesionales, de las que otorgan prestigio. Y por ella he pagado un precio, alto en ocasiones, emocional y físico. Me ha traído, también, beneficios más importantes que puestos y timbres académicos: conocer países, enfrentarme a lo diverso, acrecer mi tolerancia y mi curiosidad por los demás No sé cuál sea el balance y seguro muchos han de hacer diariamente sus propios cálculos, pero el caso es que me he dejado llevar por los dictados pragmáticos que la sociedad pronuncia: realízate, aporta, progresa.

Lo que yo desearía–si pudiera desprenderme de las voces de la sociedad–es dejarme vivir. Es, por un lado, un permiso que cada uno se concede para ser impuntual, disperso, desordenado, hedonista, informal, espontáneo. Y es también, por otro lado, algo que me gusta más: tomarse la vida como una corriente por la que dejarse arrastrar, que a veces es vértigo y abismo, como decía Losada, y a veces es llana contemplación, aburrido vacío en el que quiero sentirme a gusto. En este caso, no existe una finalidad para la vida, puesto que ya esta misma frase implica que la vida es un instrumento mediante el que conseguir algo ajeno a ella.

No me veo capaz de hacerlo ahora, ni creo que mi hijo esté preparado aún para entenderlo, pero trataré de explicárselo cuando llegue el momento, si aún sigo pensando lo mismo.

*El dibujo pertenece al Blog Cosas sueltas, del diseñador gráfico argentino Lepka N.A., que recomiendo encarecidamente.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: